Concierto del nacionalismo ruso

Juan López Berdonces. Salvo la obertura  del concierto de hoy, todas las obras que integran el programa fueron compuestas en un corto periodo de tiempo comprendido entre 1876 y 1890. Escasos  años antes,  Rusia estaba sumida en una situación sociocultural efervescente.

En 1860, Rusia es el país más grande del mundo, cuyas fronteras abarcan la sexta parte de la superficie terrestre. La figura feudal del Czar (Caesar) perdura en esta sociedad  como cargo que concentra el poder y la unidad territorial. La estructura social rusa está anquilosada en el feudalismo,  todavía los músicos eran siervos, sin ir más lejos, Mussorgski fue uno de ellos.

Este retraso existía a pesar de que un siglo antes comenzó un largo proceso de evolución hacia los cánones occidentales. Efectivamente, Rusia afronta un camino de apertura a occidente de la mano de la Ilustración durante los gobiernos de Catalina II y Alejandro I. En este propósito contribuyó el español Vicente Martín y Soler con numerosas óperas de corte italiano estrenadas en San Petersburgo.  Sin embargo, las reformas emprendidas se ven truncadas por las guerras napoleónicas, que desencadenan un rechazo hacia lo occidental.

Ante aquella esperanza de modernización frustrada, surge un movimiento literario liderado por Pushkin, que proclama su admiración por occidente y sus poetas. En paralelo, nace la conciencia nacional rusa y se produce un cambio de actitud en la faceta creadora de los compositores rusos, que desarrollan un cuidado deliberado por preservar las peculiaridades rítmico-armónicas del material folklórico empleado, como es el caso las obras basadas en danzas populares de Rimsky-Korsakov, Tchaikovski y Borodin; también cuidan y adoptan el refinamiento, el brillo especial, la claridad  y la exuberancia orquestal, como partes estructurales de la música rusa. Dichas características las asumirán Stravinski o Shostakovich ya en el siglo XX.

Por tanto hay dos movimientos intelectuales antagónicos. De un lado el europeísta: industrial, afín a la cultura tecnológica importada de occidente, que sigue las corrientes estéticas de las escuelas centro europeas, con compositores como Rubinstein y Tchaikovski. En el otro lado se sitúa la línea eslavista: rural, de cultura autóctona, opuesta a una tradición didáctica considerada ajena a Rusia. En esta corriente, los compositores son conscientes del papel que encarnan como los intelectuales que guían a una sociedad en crisis. Estos autores vivieron su infancia en el campo, en un ambiente hogareño que les sumerge profundamente  en el folklore ruso del que quedan impregnados. Durante su adolescencia recibieron clases particulares de música, y en su juventud  participaron de la animada vida musical de San Petersburgo, para terminar viajando a Europa donde amplían su técnica y sus ideas. A esta línea pertenecerían  Glinka, Mussorgski, Balakirev o  Rimsky-Korsakov.

Ambas corrientes musicales contrapuestas, construyen sus atalayas musicales. En un extremo del tablero, los europeístas, basados en la asimilación de la tradición occidental, inauguran la Sociedad Musical Rusa y el Conservatorio de San Petersburgo (1862-dirigido por Rubinstein), cuya benefactora fue Elena Pavlovna, tía alemana del Zar Alejandro II. En el extremo opuesto los nacionalistas erigen su almena, la Escuela Libre de Música, (1862-dirigido por Balakirev) desde donde cultivan  la música nacional y  la educación espontánea libre de dogmas, a la vez que se oponen frontalmente a las instituciones musicales oficiales. Dicha contraposición establecida sobre el gigantesco tablero de ajedrez  de la música, la cultura y la sociedad rusa, necesita de sus alfiles: los ideólogos. En ambas corrientes  son dos críticos musicales: Serov por los primeros, quien sobre todo difundió las ideas de Wagner; Stasov por los segundos, quien acuñó la denominación de “La manada poderosa” para el “Grupo de los cinco”. 

Los miembros de este grupo  son Cui, Balakirev, Borodin,  Moussorgski y Rimsky-Korsakov. Un núcleo que se muestra tan homogéneo y compacto hacia dentro como agresivo hacia fuera.  Será realidad durante una década. Sin embargo, la aspereza de la confrontación teórica fue bastante más temperada en el terreno práctico, factor que propició la progresiva integración entre las dos corrientes. De hecho Borodin se mantuvo al margen de esta controversia. Además, el Conservatorio y la Sociedad Musical Rusa cambiaron su orientación tras la muerte de su financiadora, Pavlovna. No en vano Balakirev acepta el cargo de director de la Sociedad Musical Rusa en 1863, por lo que el caballo más combativo de los eslavistas se somete al confort de vivir en una de las “torres” europeístas que bajaron sus defensas. Así, Balakirev evidencia un compromiso con las instituciones oficiales que propicia el rebajamiento del “Grupo de los cinco” que lo conduce a su ulterior separación llevando a sus integrantes a horadar sus refugios individuales en la cordillera de la creatividad. Al final del proceso narrado, Rimsky-Korsakov, representa la fusión de las dos corrientes, ya que tomó el ideario de “los Cinco” como un pensamiento crítico y normalizador, y fue profesor en el Conservatorio de San Petersburgo (el otro caballo nacionalista en la otra torre europeísta).  Terminó, retocó y difundió las obras de sus ex compañeros de grupo.  Por todo lo anterior fue criticado, pero se obtuvo una contrapartida crucial: la creación de una sólida tradición didáctica de la que se nutrirán los compositores de la generación de 1870-80 que integrarán una verdadera escuela rusa, cuya formación deriva de las enseñanzas rimskianas.

Grupo de los cinco 

Tendiendo ya el puente hacia las obras del programa, aludiremos a la idea de que los compositores del “Grupo de los cinco” eran unos aficionados sin pericia compositiva, que eleva sobre ellos un aura romántica de desorden y hechizo fascinante. Pero un análisis de sus partituras desde la perspectiva alcanzada tras el paso de los años, evidencia que tienen talento y técnica a raudales, aunque buscan quebrar el estilo occidental tomándose unas libertades técnicas y formales que el dogmatismo nunca aceptó. Sin ir más lejos, Mussorgsky  (quien afirma que “no pertenece a ninguno de los grupos musicales existentes ni por el carácter de sus composiciones ni por sus concepciones musicales”) era tan hábil y lleno de talento que en su intento de romper moldes  fue pionero en la faceta armónica, y su originalidad inspiró a los impresionistas franceses. A tal respecto, Debussy describió así su admiración por Mussorgski: “parece el arte de un salvaje que vaya descubriendo la música con cada paso de sus emociones”. Un dato importante a nuestro juicio sería que, como todos los adelantados a su tiempo, Mussorgski fue un incomprendido, ni tan siquiera sus propios compañeros de grupo aceptaron su mente preclara. Un ejemplo sangrante sería que Una noche en el Monte Pelado, obra tan magistral como para convertirse en la predilecta de las orquestas de entre sus obras (junto a Cuadros de una exposición), permaneció olvidada 20 años en un cajón porque Balakirev (compañero de grupo) la consideró llena de imperfecciones. Eminentemente descriptiva,  cargada de imágenes, llena de fuerza, exotismo, plagada de ricos efectos tímbricos, Una noche en el Monte Pelado está basada en el relato de Nicolai Gogol, La noche en vísperas de San Juan en el Monte Pelado, cerca de Kiev. En la partitura original Mussorsgki  escribió esta guía para indicar al director lo que se describe en cada sección:

Rumores subterráneos de voces sobrenaturales. Aparición de los espíritus de las tinieblas y de Satanás. Glorificación de Satanás. Misa negra. Aquelarre. Suena a lo lejos la campana del pueblo dispersando a los espíritus de las tinieblas. Amanecer.

Pasemos ahora de la adoración del Diablo, al Cristo Redentor que vence a la Muerte. La técnica orquestal de Rimsky-Korsakov se conoce en Occidente sobre todo por tres obras compuestas entre 1888 y 1889: Capricho Español, Sheherazade y  La Gran Pascua Rusa. La Gran Pascua Rusa  está basada en los cantos de la liturgia ortodoxa para el Domingo de Resurrección.Rimski-Korsakov realiza una obra absolutamente soberbia  que nos evoca un templo de la Iglesia Ortodoxa Oriental, la cual siempre avaló sólidamente el estado ruso, hecho definitivo para que la apertura a Occidente no fuera contemplada durante un milenio. La música sacra se restringía al canto monódico bizantino que en toda su modernidad databa del siglo VII. El texto de la parte de la liturgia elegida por el autor proclama:

“Cristo resucitó de entre los muertos” y a renglón seguido eleva su canto de alabanza: “Gloria a Dios,  Santísima Trinidad, consubstancial, indivisible  dador de vida”.

El compositor toma las melodías de estos cantos  como material temático, las elabora, las transforma, juega con ellas y  recrea en la orquesta  las antífonas y los cantos responsoriales del coro, explotando el ritmo sincopado del canto original, añadiendo a la solemne profundidad de los cantos la brillantez de su orquestación.

La sonoridad especial de la orquesta de Rimski-Korsakov con ese brillo particular, esa claridad y viveza del colorido tonal son llevadas  a su máxima expresión en sus obras de madurez. Dicha sonoridad pone de relieve la línea melódica por medio de doblajes imaginativos a la vez que anula los registros medio y grave para evitar oscurecerla, mientras el acompañamiento aporta interesantes vestigios de colorido.

El propio Rimsky-Korsakov afirma que “es un gran error decir que este compositor instrumenta bien, o que aquella composición está bien orquestada, puesto que la orquestación es parte del alma profunda de la obra musical”. Así nos muestra su visión de la técnica de la orquestación que concibe íntima e indeleblemente ligada a la compositiva, la considera una sola, del mismo modo que el salmo describe uno de los dogmas más difíciles de entender para la mente y el alma humana, al Dios consubstancial e indivisible, tres personas en una sola.

El fragmento más célebre de la ópera El Príncipe Igor  es,  Danzas Polovtsianas. Las danzas son ofrecidas por los pólovtsy en honor a sus prisioneros, las tropas de Igor Sviatoslávich. El argumento de la ópera está basado en la primera historia épica medieval rusa en prosa, Cantar de las huestes de Igor (Siglo XII). El salvaje exotismo de estas  danzas, constituye una muestra de la activa imaginación de Borodín, del mismo modo que ha ejercido un atractivo considerable desde entonces propiciando que sea el extracto más interpretado de la ópera fuera de Rusia.

La Marcha eslava de Tchaikovski surge tras la guerra entre Serbia y Turquía que finalmente escaló a una conflagración ruso-turca. La obra fue compuesta para recaudar fondos en el festival organizado en favor de los soldados heridos. Tchaikovski emplea canciones folklóricas para que prevalezca el espíritu de solidaridad con los eslavos. También es obligado señalar la inclusión del himno ruso “Dios salve al Tsar”, utilizado también por el autor en la Obertura solemne 1812 o en la  Marcha del festival de la coronación, entre otras. En su estreno, la obra cosechó un éxito rotundo como Tchaikovski  cuenta por carta a su protectora. La obra se inicia con un estilo absolutamente fúnebre y  termina con un carácter enardecido. Como funesta curiosidad haremos mención a la censura póstuma que sufrió Tchaikovski en la URSS, ya que las autoridades políticas cambiaron el fragmento “Dios salve al Tzar” por otro de Glinka. Aquella es la misma URSS que encargó a Shostakovich la Obertura Festiva para conmemorar el 30º aniversario de la Revolución Rusa, una vez que Shostakovich, por puro azar, pudo escapar de la condena estalinista a su arte- y por ende a su persona-, que le llevaba irremisiblemente al gulag, para ser el compositor preferido del régimen terrible de Stalin, una vez que el autor restituyó su “buena fama” con el estreno de su 5ª Sinfonía en Re menor.

El programa de esta tarde intenta concentrar la esencia  del nacionalismo ruso. Las obras, nacidas tras la controversia entre europeístas y eslavistas,  tienen características comunes. Todas ellas son obras programáticas, al más puro estilo de la música nacionalista rusa, que evidenciaba un gusto por lo descriptivo (según Stasov).Todas ellas son obras brillantes, con giros melódicos orientales  que crean un ambiente exótico, cálido, apasionado, temperamental, aguerrido, que representan al pueblo ruso, sus costumbres, literatura, leyendas, folclore, creencias, luchas, tradiciones, miedos y sutilezas,  del modo más bello. Disfruten de las versiones de la AMC en su 6º Concierto de Santa Cecilia.

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