Primer premio en el II Certamen Regional «Villa Mota del Cuervo»

BandaMotaIIDiploma_primer_premio

Trombón solista

Trombón solista Banda de Puertollano

José Ignacio González Mozos.- Aquella cálida tarde de primavera de principios de los años ochenta tenía una luz especial. Quizá bajo la mirada curiosa y atenta del niño que aún ni tan siquiera había despertado a la adolescencia, aquella claridad que flotaba ingrávida por la sala de ensayos de la banda municipal de Puertollano se tornaba en algo casi mágico, como una vistosa sinfonía de colores y sensaciones entrelazadas por un contrapunto infinito. Frente a mí, Hipólito García, conocido cariñosamente por todos como Poli, me hizo pasar por entre las tupidas cortinas granates que delimitaban el pequeño escenario de moqueta azul sobre el que se disponían ordenadamente las sillas y atriles de los músicos. El cortinaje lateral de la sala formaba una especie de pasillo en el que, sobre diferentes estanterías metálicas, se encontraban muchos de los instrumentos de la banda. Al fondo del pequeño pasillo, bajo las maletas de los trombones de pistones de Pablo y Laguna, se encontraba la caja con los uniformes. Era una vieja caja de madera en la que se apiñaban chaquetas y pantalones y unas maravillosas gorras de plato. Hay muchos detalles que el tiempo ya se encargó de borrar de mi memoria, pero lo que sí puedo asegurar es que aquella gorra de plato, la chaqueta y el pantalón de color azul marino que Poli me dio, significaron para mí una especie de rito iniciático de lo que más tarde sería, más que una profesión, una forma de entender la vida. Sigue leyendo