Un año completo

Llega 2016, e ineludiblemente, las personas miramos al año que dejamos, para seguir haciendo camino con nuestro andar. Unas veces son caminos de rosas, otras veces rocosos, pero si miramos los frutos a toro pasado, vemos que el estar expuestos a mil peligros en nuestra aventura, vale la pena porque se recoge el fruto, el cual es enorme y gratificante en este 2015.
La AMC Banda de Música de Puertollano no solo está ahí, sino que está en la brecha, abriendo camino, marcando pautas, cosechando éxitos para Puertollano, exportando el sello de su ciudad al igual que otras instituciones, empresas y personas. No somos un mero artículo de entretenimiento de más o menos nivel. De hecho combinamos ambos elementos, calidad y entretenimiento.
16 conciertos, de los cuales siete, fuera de Puertollano. Dos participaciones en certámenes de bandas, uno de ellos internacional. Un Primer Premio y Premio al Mejor director y un Segundo Premio. Cuatro procesiones. Nuevas incorporaciones, nuevos patrocinadores.
Aires de zarzuela2015, tan consumido hoy, empezó con enorme fuerza para nuestra Asociación, la cual estuvo presente en el Segundo Centenario del nacimiento de San Juan Bosco celebrado en el Colegio Salesianos de nuestra localidad, en dos ocasiones, el 23 de enero por medio de nuestro Cuarteto de Saxofones y el 31 de enero con Nuestra Banda dirigida por nuestro Maestro Invitado, don Ángel Parla, eminencia de la Zarzuela y sobre todo fiel discípulo de don Pablo Sorozábal, para dirigir “Aires de Zarzuela”, integrado por obras de Sorozábal y otras como La Revoltosa o Gigantes y Cabezudos.
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42 Certamen Internacional de Bandas de Música Villa de Altea

AMC Banda de Música de PuertollanoJuan Sebastián López Berdonces. El Certamen de Bandas Villa de Altea es para muchos el mejor Certamen Internacional de Bandas de España.

No en vano, en este Certamen coinciden una serie de factores tales como, que se congregan Bandas de sección de honor formadas por 130 componentes, directores y bandas europeos, los más afamados compositores como Ferrer Ferrán, José Alberto Pina o el compositor de la obra obligada Garcia i Soler, los presidentes y directivos de las sociedades musicales y bandas más importantes de España, un jurado compuesto por algunas de las principales figuras del mundo de la música de bandas y un público entendido y selecto venido de infinidad de puntos de la geografía española. Todo ello concentrado en uno de los mejores auditorios españoles, el Palau, enmarcado en una bellísima localidad con una idiosincrasia artística y bohemia, un clima benigno y un entorno espectacular que hace que esté situada entre una de las diez ciudades españolas más recomendadas para su visita. Sigue leyendo

Primer premio en el II Certamen Regional «Villa Mota del Cuervo»

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Trombón solista

Trombón solista Banda de Puertollano

José Ignacio González Mozos.- Aquella cálida tarde de primavera de principios de los años ochenta tenía una luz especial. Quizá bajo la mirada curiosa y atenta del niño que aún ni tan siquiera había despertado a la adolescencia, aquella claridad que flotaba ingrávida por la sala de ensayos de la banda municipal de Puertollano se tornaba en algo casi mágico, como una vistosa sinfonía de colores y sensaciones entrelazadas por un contrapunto infinito. Frente a mí, Hipólito García, conocido cariñosamente por todos como Poli, me hizo pasar por entre las tupidas cortinas granates que delimitaban el pequeño escenario de moqueta azul sobre el que se disponían ordenadamente las sillas y atriles de los músicos. El cortinaje lateral de la sala formaba una especie de pasillo en el que, sobre diferentes estanterías metálicas, se encontraban muchos de los instrumentos de la banda. Al fondo del pequeño pasillo, bajo las maletas de los trombones de pistones de Pablo y Laguna, se encontraba la caja con los uniformes. Era una vieja caja de madera en la que se apiñaban chaquetas y pantalones y unas maravillosas gorras de plato. Hay muchos detalles que el tiempo ya se encargó de borrar de mi memoria, pero lo que sí puedo asegurar es que aquella gorra de plato, la chaqueta y el pantalón de color azul marino que Poli me dio, significaron para mí una especie de rito iniciático de lo que más tarde sería, más que una profesión, una forma de entender la vida. Sigue leyendo